La confusión habitual
Cuando una persona, una familia o un empresario reconoce que su patrimonio depende demasiado de una sola compañía, de un solo activo o de una sola fuente de liquidez, la reacción más inmediata suele ser diversificar.
El problema es que esa búsqueda puede confundirse con acumulación de posiciones, productos o activos sin una lógica suficientemente clara. Entonces la concentración inicial se reemplaza por otra forma de desorden: más piezas, más frentes, más ruido y menos claridad.
El patrimonio deja de estar concentrado. No necesariamente empieza a estar mejor estructurado.