La confusión habitual
Cuando una organización enfrenta tensión de caja, necesidad de expansión o presión de calendario, la deuda aparece como una salida comprensible. Permite evitar dilución, mantener control y conseguir recursos con relativa rapidez.
El problema es que esa conclusión puede quedarse en la superficie. Una estructura de deuda no debería evaluarse solo por cuánto dinero entra o por cuánto plazo concede. También debe evaluarse por lo que exigirá después: capacidad de repago, disciplina operativa, restricciones contractuales, garantías comprometidas y flexibilidad residual frente a escenarios menos favorables.
A veces la deuda alivia el presente. No necesariamente mejora el futuro.