La confusión habitual
Hay una idea muy extendida que conviene revisar: si entra liquidez, el problema mejora.
A veces sí. Pero otras veces esa liquidez viene acompañada de garantías excesivas, restricciones contractuales, dilución mal comprendida, presión de salida, dependencia de una sola contraparte o desorden patrimonial posterior al evento de liquidez. En esos casos, lo que parecía libertad puede terminar generando nuevas obligaciones, nuevas fragilidades o una pérdida silenciosa de flexibilidad.
La liquidez resuelve una tensión, pero puede abrir otras.