La confusión habitual
En muchas conversaciones, la valoración se usa como respaldo de una posición ya tomada. No como herramienta de análisis, sino como argumento para sostener una expectativa.
Entonces ocurre algo previsible. Una parte quiere un número alto, otra uno más prudente, y la discusión se desplaza hacia la cifra antes de haber aclarado qué supuestos la sostienen, qué escenario refleja, qué riesgos incorpora y qué parte del contexto todavía no está suficientemente ordenada. El resultado es una conversación aparentemente técnica que, en el fondo, sigue siendo precaria.