La confusión habitual
Muchas organizaciones interpretan el crecimiento como una señal automática de salud. Si hay más ingresos, más mercado, más tamaño o más movimiento, se asume que la dirección es correcta.
Esa conclusión suele ser insuficiente.
Una expansión puede exigir capital bajo condiciones inconvenientes. Una adquisición puede tensionar integración y control. Un nuevo mercado puede exigir un tipo de gobierno que la empresa todavía no tiene. Un crecimiento acelerado puede ocultar dependencia de pocas personas, procesos débiles o estructuras financieras que no soportan bien el siguiente tramo.
En esos casos, crecer no corrige fragilidades. Las amplifica.