La confusión habitual
Cuando una situación compleja genera presión, es natural buscar señales de movimiento. Un modelo más detallado, una estructura jurídica más robusta, una ruta financiera más desarrollada o una alternativa aparentemente más sofisticada pueden producir la sensación de que el problema ya está mejor resuelto.
Pero esa sensación puede ser engañosa.
Si la pregunta original sigue mal planteada, si los intereses en juego todavía no están bien diferenciados, si las tensiones entre control, liquidez, continuidad o riesgo no se han puesto sobre la mesa, la calidad de la estructura importa menos de lo que parece. Puede haber más forma, más detalle y más trabajo. No necesariamente más claridad.